La autenticidad, autonomía y esperanza, la forma más humana de avanzar

16 noviembre, 2022

Sobrevivir y experimentar satisfacción con la vida en la actualidad es cada vez más difícil y hay dos formas de hacerlo: dejarse llevar por la corriente o ser protagonista de tu propia vida.

Vivimos en un mundo VICA: vertiginoso, incierto, complejo y ambiguo. Experimentamos la era antropocena, es decir el ser humano se encuentra en el centro del todo e impacta al todo multidimensionalmente positiva y negativamente. El antropoceno se proyecta como una era evolutiva, brillante, próspera y creativa pero a su vez atestado de crisis, riesgos, desigualdad y presiones (humano-planetarias) nunca antes vividas. Los retos son cada vez más grandes y enredados.

Se advierte la obligación de dejar de vivir en la comodidad del anonimato, de despertar procesos de individuación que estimulen la autenticidad, autonomía y esperanza de las personas y de los y las líderes para crear un mejor presente y futuro.

Desafortunadamente una pequeña minoría humana mueve a la masa buscando acumular más riqueza, innecesaria y como individuos hemos permitido la alienación sin darnos cuenta del daño. Estamos sumergidos en influencias que no son propias y así obramos, inconscientemente.

Es momento de darnos cuenta, reconocer que no vamos por el mejor camino y hacer una pausa, re-aprender lo que significa el buen vivir. Debemos recobrar la conciencia y construir mejores condiciones para el bien común. Las empresas son una gran plataforma para re-encaminar a la humanidad.

Es natural sentirnos inseguros/as ante un escenario tan abrumador. Nos rebasa pero, podemos hacer mucho como individuos, ahí radica la esperanza. El VICA explica el combate del macro contexto, sin embargo, cada persona experimenta su propia existencia, la subjetividad de lo que ocurre en su mente, lo que significa su pasado, su recorrido de vida y el cómo lo afronta en el presente.

Cada contexto personal tiene un matiz sutil y delicado por comprender, se requiere de la empatía para relacionarse armónicamente al manifestarse surgen las versiones personales disfuncionales que se suman al VICA, haciendo la vida aún más desafiante.

Cuando sentimos miedo a la incertidumbre, cuando no sentimos confianza en nosotros/as mismos/as y en la capacidad de afrontar el VICA dentro de nuestro propio y reducido entorno, tendemos a hacer uso de los patrones familiares aprendidos, mecanismos de defensa o rasgos inconscientes que intentan protegernos de otras personas o de lo que no comprendemos. El cúmulo de distorsiones individuales provoca un malestar colectivo saturado de sentimientos de deterioro como el desaliento, desvalía, desmotivación y muchos otros que nos lastiman y direccionan a ser más autodestructivos que autoevolutivos como especie. Si no actuamos pronto, estaremos en graves problemas.

Se solicita con urgencia regresar a las bases. El antropoceno, la era del ser humano como centro, nos obliga a centrarnos en cada persona para responder a los retos universales. Es ineludible desarrollar la conciencia individual para mejorar la colectiva y cambiar la condición humana-planetaria para las futuras generaciones.

El desafío parece ser la educación y la formación de personas/líderes para que volvamos a sentir la esperanza de un sentido existencial digno de vida en toda la extensión de la palabra. Debemos ser más concientes de nuestro micro impacto y orientarnos al macro impacto. El modelo educativo actual ya es obsoleto y las herramientas que hemos desarrollado no son suficientes para dar la vuelta a los acontecimientos que encaramos, la infraestructura educativa ya no es suficiente y se requieren cientos de miles de personas que hagan el cambio, empezando en seno de las familias y en las escuelas, desde infantes.

Los y las líderes, las empresas, se constituyen como una plataforma de transformación extraordinaria, aprovechemos la oportunidad. Dentro de ellas se encuentra contenida más de la mitad de la población mundial, millones de personas trabajando para mantener satisfechas las “necesidades” de la humanidad y cuidar el planeta. Se les solicita coraje para sumergirse en su interior y conocerse a sí mismos/as, cambiar patrones disfuncionales, solo así podrá surgir la autenticidad y elegir su autonomía para transformar realidades de una manera humanizante.

Un liderazgo auténtico y autónomo podrá desbloquear sus propias barreras, utilizar la vulnerabilidad y los miedos personales para relacionarse con mayor asertividad y ser transparente en cualquier contexto y crear armonía comunitaria.

La autenticidad es el arte de asumir la verdad interior, reconocerla con honestidad y humildad. Es la demostración más pura de una congruencia filosófica, maximizada a través de la inteligente toma de decisiones, basada en valores y principios de conducta que elegidos con amor propio y colectivo generan bienestar. Sin embargo, nunca debemos perder de vista que es importante reconocer el escollo contextual para lograrla. EL VICA, la rigidez de nuestras creencias limitantes, los apegos condicionados, el miedo a morir y ese incansable instinto de conservación, generalmente nos confunden y detienen. Además, la presión social que promueve indiscriminadamente el “qué dirán”, con expectativas orientadas a satisfacer a la masa (familia, amigos o sociedad), pone en conflicto y compromete la voluntad individual de seguir adelante. La autenticidad es la valentía de Ser y existir con autonomía y congruencia para lograr un propósito superior más allá de uno mismo/a, es descubrir y decidir quién eres.

La autonomía emana de la autenticidad de la persona. Implica conocerse a profundidad y saber su valía sin influencias ni condicionamientos preconcebidos. Es no emular a nadie, no ser sobra de nadie y mucho menos ensombrecer a nadie. Ser el actante principal de un destino formado por uno/a mismo/a y tomar los riesgos de experimentar la vida, el éxito o fracaso como una condición natural evolutiva. Desarrollar la autonomía es soltar el espíritu y trascender los miedos sin amarras, desapegarse de lo material o inmaterial y colmarse en plenitud del todo, es sin duda, descubrir el potencial y avanzar con determinación y firmeza hacia el buen vivir, ergo el buen morir.

La esperanza entonces, emerge de aquellos sueños que la autenticidad y la autonomía de una persona persigue: su propósito, objetivos y metas que cotidianamente hacen de la experiencia del vivir un deleite. Es cuando una persona encuentra en su vocación la confianza del logro y satisfacción con la vida, le pone el entusiasmo y optimismos a las acciones e impulsa a la persona a motivarse para sobrevivir, auto actualizarse y estar en bienestar. La esperanza en un estado activo y permanente en la mente, por ello la hermosa que dice – “La esperanza nunca muere”–. Una persona que tiene esperanza, aspira a avanzar en un camino seguro.

La autenticidad, la autonomía y la esperanza juntas orientan nuestras acciones de forma realista, congruentes y tolerantes a la realidad manifiesta. Es la forma más humana de progresar, avanzar o florecer como individuos y cómo sociedad.

Cuando es inminente que el camino termina, como cuando alguien enfrenta su propia muerte, estos tres elementos hacen que esa pérdida, la propia vida, sea más en paz, en recogimiento y gratitud de haber vivido. Esa energía debería usarse en la cotidianidad, todos somos terminales pero, no sabemos cuando sucederá. Aprovechemos el tiempo.

En términos de liderazgo, estas tres herramientas funcionales para el afrontamiento de la vida diaria son y serán determinantes para todo logro. Primero, construyen al líder como persona, más humana; segundo, la persona líder se pone al servicio de la humanidad y del planeta; y tercero, el amor propio y el amor colectivo ayudarán a reconstruir el tejido social y hacer frente a una era antropocena menos enmarañada, poner en control el VICA personal y ayudar a las demás personas a hacer lo mismo. Todo esto lleva tiempo, urge empezar a cambiar el liderazgo del mundo, una persona a la vez, en pequeñas comunidades para generar un alto impacto social y planetario.

El liderazgo humanista es auténticamente humano y empodera la autonomía de las personas con la esperanza de reconstruir el tejido social y vivir mejor, en bienestar.

“La forma más humana para avanzar en el proceso evolutivo es el amor, el propio y el colectivo y para vivirlo en cuerpo y espíritu es necesario una genuina autenticidad, definir cómo ser autónomo y siempre tener esperanza de hacer y construir bien común.”

Jaime Cervantes C.

Jaime Cervantes Covarrubias

Fundador y CEO de Liderálity | Accionista Vitalmex

Maestría en Desarrollo Humano, Universidad Iberoamericana, CDMX (México)
Maestría ejecutiva en Liderazgo Positivo Estratégico, Instituto de empresa, Madrid (España)

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