El reconocimiento es una necesidad humana

29 noviembre, 2022

Fotografía: Jaime Cervantes

Todas las personas tenemos la necesidad de confirmarnos como seres amados, dignos de respeto, libres y útiles, pero en la actualidad, tendemos a confundir la necesidad de ser reconocidos con una práctica enfermiza para conseguir que nos miren o también con el narcisismo; en realidad son cosas distintas. El reconocimiento genuino nos hace disfrutar la vida y prosperar.

Hemos aprendido a justificar, tolerar y aguantar el anti-reconocimiento, y es muy triste que el desdén, rechazo, abuso o maltrato, el favoritismo imparcial y la discriminación se hayan convertido en una práctica común de convivencia preocupante, lo que termina con efectos adversos en la persona y en la sociedad.

Pareciera una forma de vida normal pero ¡no está bien!

Lo que hace que una persona se sienta segura del vínculo es el reconocimiento que tiene de su integridad, la predictibilidad y sensibilidad sobre sus emociones, los sentimientos con empatía, y el ánimo consistente y sincero del cuidado o procuración de la relación para el bienestar de ambos o del grupo. No puede darse una relación (de amistad, compañerismo, equipo, pareja, colega…) ahí donde hay crueldad, deslealtad, menosprecio, desinterés, ahí donde hay injusticia. Sería mejor irse.

En el mundo empresarial están ocurriendo varios fenómenos en simultáneo: la gran renuncia, la renuncia silenciosa, el burnout o trastorno por estrés laboral crónico y otros trastornos mentales y esto se debe en la gran mayoría de los casos a la falta de reconocimiento de los y las líderes y entre las mismas personas y ¡no está bien!

El reconocimiento es parte de la naturaleza humana, constituye una necesidad de alteridad, es decir, diferenciarse positivamente de las demás personas, para así poder construir una mejor versión propia y de la comunidad.

Reconocer un vínculo positivo y constructivo con alguien es algo extraordinario, un encuentro sagrado; se da entre gente de bien, y no se consuma sino por la estima, la calidez y la voluntad mutua. Se mantiene no tanto por los beneficios sino por la satisfacción de convivir y la vida misma.

¿Qué debemos hacer para aprender a reconocer y ser reconocidos genuinamente y en reciprocidad colectiva?

1. Elegir conscientemente el compromiso de responsabilizarse emocionalmente de la otra persona y construir bienestar por y para ambos.

2. Valorar el vínculo constructivo con la otra persona y priorizar el intercambio de aprendizaje e impacto, en la intimidad o convivencia antes que cualquier otra cosa, proceso o meta. Abrirse y estremecerse por ese encuentro.

3. Comprender que el amor, la amistad y la solidaridad son potentes maneras de reconocimiento inherentes de la humanidad. No existe alguien que no necesite cualquiera de las tres.

4. Respetar los derechos individuales como una oportunidad de coexistencia y paz.

5. Abrirse a la intersubjetividad de las relaciones con flexibilidad colectiva por medio de tres cambios internos que moverán la cultura hacia una más recíproca:

a. Profundizar en conocerse uno mismo/a, integrar el yo y definir una propia congruencia filosófica.

b. Mirar a la otra persona como distinta a uno/a, validarla y abrirse al encuentro.

c. Fomentar y procurar hospitalidad recíproca para florecer colectivamente.

 

Todas las personas deseamos un lugar al cual pertenecer, que tenga condiciones propicias de encuentro y una disposición humanizante para aproximarse con calidez, seguridad de aceptación genuina. Donde podamos aprender y renovarnos para andar el recorrido de la vida bien acompañados/as.

Un lugar que no nos absorba, posea o que se aproveche de nuestra existencia, sino que nos de motivos de esperanza y en donde la inteligencia de vínculo nos una con libertad creativa para construir escenarios positivos de convivencia, reconociéndose en total responsabilidad emocional de sí mismo/a y de la gente.

Nos debe quedar claro que cualquiera necesita de los y las demás para florecer con identidad estable, funcional y plena. El reconocimiento colectivo nos permite perfeccionar el autoconcepto y dignifica la existencia en la vida.

Si en el mundo, en las familias y en las empresas entendiéramos que la persona debe reconocerse primero antes que cualquier otra meta, proceso, modelo de gobierno o beneficio económico, la dinámica social sería distinta.

Aún hay esperanza en la humanidad, el reconocimiento recíproco incondicional es la fórmula para mantener las relaciones interpersonales positivas y la interacción social saludables.

“Llevar a cabo acciones para mantenerse al lado de alguien singular y amado, es el acto (de reconocimiento) más consciente, plausible, tierno y sutil en un ser humano.”

Jaime Cervantes C.

Jaime Cervantes Covarrubias

Fundador y CEO de Liderálity | Accionista Vitalmex

Maestría en Desarrollo Humano, Universidad Iberoamericana, CDMX (México)
Maestría ejecutiva en Liderazgo Positivo Estratégico, Instituto de empresa, Madrid (España)

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