Hablemos de edadismo: una discriminación silenciosa

30 agosto, 2023

Desde siempre, la sociedad ha empleado la edad, el género o la raza para describir, categorizar y clasificar a las personas. Estas etiquetas designan roles predeterminados, funciones específicas y autoconceptos diversos, que a su vez crean realidades coexistentes en el mundo.

Sin embargo, cuando la edad se utiliza de forma que categoriza, divide y vulnera a las personas, estamos hablando de edadismo: una forma de discriminación.

 

¿Qué es el edadismo?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) describe el edadismo como la manifestación por medio de estereotipos, prejuicios, prácticas y creencias discriminatorias contra personas o grupos de personas debido a su edad (2001, OMS).

Este tipo de discriminación y segregación la padecen, por lo general, los adultos mayores, pero también la juventud. ¿Cómo se hace patente? A través de comportamientos derivados de prejuicios, creencias y estigmas relacionados con las características atribuidas de los diferentes grupos etarios.

Lo increíble es que hoy, en pleno siglo XXI, este “edadismo” suele estar normalizado, interiorizado y expresado de manera sutil en las prácticas culturales, políticas, económicas, así como también en las creencias personales de las personas, lo que impacta en el proyecto de vida, la autonomía y el autoconcepto.

Es increíble que envejecer, ese proceso “normal” e ineludible, por el que pasaremos millones de seres humanos, sea una de las causas de discriminación más silenciosa e impactante que existe.

 

La narrativa de la edad

La edad, por sí sola, no indica mucho, ni tampoco puede predecir aspectos como la madurez, la estabilidad, la formación, el estatus y la experiencia; sin embargo, aun así, la edad es concebida como una marca social, o una categoría, que en conjunto con la etnia y el género, clasifican y determinan la posición de una persona en la escena social y pública.

Por eso, cuando hablamos de edad hay que tomar en cuenta lo siguiente:

  1. La edad estructura los comportamientos y la relación con el mundo exterior. A través de las normas sociales, las personas pueden saber cuáles son las conductas adecuadas y/o apropiadas a su edad; no obstante, esto no implica que deba vulnerarse la oportunidad de igualdad y equidad de las personas.
  2. La edad y el envejecimiento implica hablar sobre las fases o etapas de ciclo vital, por lo que también supone visibilizar las crisis, situaciones y pérdidas que cada una de estas etapas traen consigo y así lograr, a través de un liderazgo humanista, empatizar con ellas para poder combatir este tipo de discriminación.
  3. La sociedad crea concepciones normativas con respecto a la edad que son socialmente consensuadas (cuándo casarse, jubilarse, maternar, independizarse, etc.), que sirven como un proceso adaptativo, tanto para la sociedad como para las personas, pues ayudan a predecir y planificar laboralmente y familiarmente las decisiones de vida. El liderazgo debe tomar en cuenta estas concepciones y comprender las necesidades individuales de las personas, para así promover un bienestar individual, pues el proyecto de vida de cada una de ellas determina la estrategia de las organizaciones.
  4. El género es un factor que complica también el edadismo, pues incluye normas mucho más restrictivas hacia las mujeres como la limitación social y la imposición de funcionamiento, conductas e imagen. Por lo tanto, una visión con liderazgo humanista debe de considerar una perspectiva de género a la par de sus acciones en contra de la discriminación por edad.

La narrativa y diálogo alrededor de la edad es, por lo tanto, ambivalente: por un lado, existe discriminación, rechazo e ignorancia; por el otro, se requiere una expresión de empatía, afecto, esperanza y resiliencia en este discurso.

Esta ambivalencia ayuda a potenciar los cambios sociales que abogan por la desigualdad y las diferencias sociales, pero también sigue existiendo gracias a el mantenimiento de valores conflictivos entre sí y una expresión mucho más sutil de las actitudes y /o prejuicios que se tienen hacia las personas del grupo desfavorecido.

Por lo tanto, el que coexistan rasgos negativos y positivos en torno a la edad hace que se cuestione si realmente hay discriminación en este diálogo, pues pareciera ser que las cuestiones negativas se diluyen bajo las positivas.

Sin embargo, el impacto negativo, aunque se manifieste de manera sutil, es potente y con consecuencias muy destructivas, ya que este discurso y acciones, van permeando poco a poco, hasta convertirse en una aceptación de ellas en las personas afectadas, dando origen a una pérdida profunda del significado personal y contribuyendo a interiorizar el estereotipo que se tiene de ellas (De Lemus, 2005).

Estos estereotipos y prejuicios se nutren de ideas que no se corresponden con la realidad y al reforzar los comportamientos o conductas que influyen en el mantenimiento y crean resistencia al cambio, las personas llegan a actuar ajustándose a la imagen negativa que se tiene de ellas.

 

Consideraciones

  • La identidad, el autoconcepto, la autonomía y el proyecto de vida son centrales cuando hablamos de desarrollo humano. Todos esos factores son impactados y vulnerados a través del edadismo.
  • El liderazgo dentro de las organizaciones cuenta con una responsabilidad implícita hacia todas las personas que la integran, sin importar su edad.
  • Vivimos en una sociedad organizada alrededor de la productividad, por lo que la discriminación por edad es algo que sucede día con día.
  • Se tiende a determinar inflexiblemente la capacidad de las personas de acuerdo a su edad, siendo un error fatal, pues no se debería de priorizar el desarrollo económico u organizacional sobre el desarrollo humano.
  • Para reducir el edadismo se tienen que producir cambios importantes en aquellos sistemas que lo siguen perpetuando, como los medios de comunicación, la cultura popular, el liderazgo, las organizaciones, las prácticas de atracción de talento, las empresas y el gobierno.
  • El desarrollo humano responsable tiene como fin último salvaguardar el derecho de las personas a potenciar sus capacidades, pues solo así su autonomía y proyecto de vida pueden ser honrados.
  • Honremos no solo la edad y la etapa de vida de las personas, sino también sus capacidades, sus ideas, proyectos, planes a futuro, pero sobre todo, hay que honrar el bienestar emocional de cada una de ellas, propiciando una cultura de justicia, igualdad y responsabilidad con un liderazgo humanista conciente.
Minerva Cervantes

Minerva Cervantes

Co-Fundadora y Gerente de Diseño y Contenido de Liderálity

Maestría en Psicología Clínica de la Salud
Maestría en Psicología Cognitiva Conductual, ISEP, Barcelona

Referencias

De Lemus, S., & Expósito, F. (2005). Nuevos retos para la Psicología Social: edadismo y perspectiva de género. Pensamiento Psicológico, 1(4),33-51.[fecha de Consulta 24 de Agosto de 2023]. ISSN: 1657-8961. Recuperado de: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=80112046005

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